03 Sep Golden Era: Samia Gamal
La biografía de Samia Gamal (1922-1994) es tan fascinante como su visión de la danza y comienza desde el estrato social más bajo de la sociedad egipcia, en un tiempo en el que no estaba bien visto que las mujeres se dedicaran a las artes escénicas. La pequeña Zeinab Ali Khalil Ibrahim Mahfouz (ese era su nombre real) aprendió a bailar en la calle, observando a otras jóvenes de su barrio de la pequeña ciudad de Wana Al Qiss, en Beni Suef. Era un arte sin escuela, que pasaba de madres a hijas. Así lo cuenta el maestro Shokry Mohamed en ‘El reinado de las bailarinas’:
«Antes, se aprendían todas las cosas de generación en generación, de abuelas a madres, y de madres a hijas. El baile egipcio se ha desarrollado a lo largo de la historia de forma muy natural: todos aprenden de todos. Por supuesto, también se aprende en las bodas mirando, practicando, estando de pie, observando, etc. Sigue siendo costumbre de las chicas juntarse en una habitación, en las azoteas o en los patios, siempre lejos de las miradas de los hombres, para aprender unas de otras, tanto casadas como solteras. Se considera a la chica dotada para el baile como inteligente y a la chica que no es hábil, por torpe o excesivamente tímida«.
La madre de Zeinab murió cuando esta tenía 8 años y su padre se volvió a casar con la típica madrastra: detestaba a la niña. Solo tenía 13 años cuando muere también su padre y tiene que marchar a El Cairo para vivir con su hermana, ya casada. Trabajó como niñera, en una fábrica de ropa y como enfermera para contribuir a los gastos, pero seguía soñando con bailar. Dicen que en una ocasión utilizó el dinero de la compra diaria para ver su primera película en el cine y que, como castigo, le cortaron el pelo como un chico. Con solo 15 años vio a la mítica bailarina Badia Masabni en una cafetería y logró que el hijo del dueño, Moustafa Gamal, se la presentara. La pequeña Zeinab consiguió que Masabni la contratara como bailarina de coro en su famosísimo club Casino Badia Masabni Opera y hasta la bautizó con su nombre artístico: Samia Gamal.
Dicen que su debut en el Casino Badia Masabni Opera fue un desastre: se le olvidó la coreografía. Pos suerte, la obligaron a continuar y Samia Gamal tuvo que improvisar su danza. Ahí fue donde Masabni advirtió su talento y la puso a estudiar con el coreógrafo Isaac Dickson. Además, la primera bailarina, Tahia Karioca, la amadrinó y protegió hasta el punto de prestarle sus trajes y enseñarla a maquillarse. Su triunfo fue inmediato.
Otra casualidad le abrió las puertas del cine: en el club conoció a Farid El-Atrache, un actor de origen sirio, cantante, compositor y virtuoso de laúd del que se enamoró inmediatamente. Este la invitó a un rodaje en el que, casualmente, faltó una de las bailarinas. Su relación con Farid El-Atrache fue paralela a su éxito en el cine, ya que fue este el que le consiguió su primer papel protagonista en ‘Habeb el-Omr’ (1946) (‘Amor de mi vida’). Samia tenía 22 años.
En aquella época, las películas egipcias tenían que incluir sí o sí danza oriental para triunfar en taquilla. De hecho, los filmes en los que bailaba Tahia Karioca vendían sus entradas semanas antes de estrenarse. El estreno de la película fue un éxito, también impulsado por el romance de la pareja. Desde ese momento, Samia Gamal deja de bailar en el Casino y en el resto de salas de fiestas y se dedica de lleno al cine. Trabaja junto a Farid como pareja protagonista en muchas películas de distintos directores: se convirtieron en la pareja ideal del cine egipcio.
Dicen que el rey Farouk se enamoró de ella tras una actuación y la persiguió a pesar de su noviazgo con Farid, que sufrió represalias del monarca. Samia no cedió y tras la revolución le pidió a su amante que formalizaran la relación. Este se negó por ser ella de una clase social más baja y, además, por negarse ella a dejar el baile. Fue entonces cuando Samia Gamal decidió marchar a Hollywood, donde tenía ya ofertas para bailar: llegó a hacerlo en 15 estados. Además, rodó películas míticas como ‘Alí Baba y los 40 ladrones’ (1953) o ‘El valle de los reyes’ (1954) y se enamoró de un millonario texano, Sheppard King III, que se convirtió al Islam para casarse con ella.
En la biografía de Ray Bourbon, un transformista y cantante cómico estadounidense, se lee lo siguiente sobre el club nocturno de Samia Gamal. «Era el más bello que había visto en mi vida y el escenario era enorme. Por allí pasaba cada año la compañía del Folies Bergère de París y los musicales londinenses más lujosos y opulentos. A mi llegada el programa incluía artistas españoles, ingleses, franceses y egipcios, los mejores sin duda en su especialidad: desnudos de Frrancia, comedia británica y bailarines españoles. Los artistas nacionales eran magos, contorsionistas y domadores de animales. En el foso tocaba una orquesta con 30 músicos, la mayoría europeos. Era una de las mejores orquestas que había escuchado nunca«.
Simia’s estuvo abierto hasta bien entrados los 80. Samia Gamal murió en 1994. A pesar de su fama, a su funeral solo asistió su gran amiga Tahia Karioca.

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